Venezuela, un país en venta (Opinión)

 



Imagen: Freepng


Por Dr. José María Fernández (Chema)

En un artículo anterior, “Venezuela y sus cien años de petróleo”, relaté cómo la renta que recibió el país por la explotación y venta de petróleo modeló las relaciones entre el gobierno y la sociedad durante los últimos 100 años. El gobierno y los venezolanos vivíamos al ritmo que marcaba el volumen y el precio del petróleo exportado. Pero esa historia se está acabando y lo estamos sufriendo en estos últimos años.

¿Qué consecuencias trajo para el país la explotación y venta del, llamado por Pérez Alfonso, excremento del diablo?

1. La población pasó de 3 millones de habitantes en 1923 a más de 30 millones en 2022. Es decir que se multiplicó por 10. Además el país rural se convirtió en un país urbano. Más del 90% de la población vive en ciudades.

2. La agricultura que era la principal actividad antes de la explotación petrolera, pasa a ser la cenicienta de la economía venezolana.

3. La bonanza de los ingresos producidos por la exportación del petróleo atrae no sólo a transnacionales sino también a miles de inmigrantes de los países europeos que sufren las penurias de las posguerras y de los que huyen de dictaduras y guerrillas de los países de América Latina.

4. La renta petrolera permitió la creación de un estado moderno, la construcción de infraestructuras básicas en todo el país: autopistas y carreteras, hospitales, escuelas, liceos y universidades, sistemas de electricidad, agua, telecomunicaciones. Lamentablemente esas infraestructuras están hoy día muy deterioradas producto de falta de mantenimiento e inversión. También se creó una industria básica de acero y aluminio, petroquímica, cemento y empresas de productos terminados, ensambladoras de vehículos.

5. Durante muchos años y con un sistema educativo público de calidad se formaron generaciones de profesionales y técnicos que lograron ascenso social y conformaron una clase media dinámica. También se constituyó una clase trabajadora industrial importante en las áreas petrolera, siderúrgica, electricidad, textil, petroquímica, del aluminio.

6. Los ingresos a la nación por concepto de venta del petróleo supusieron, por muchos años, más del 90% del total de exportaciones lo cual condujo a que el gobierno tomara el control total de la industria petrolera. El Estado se hizo fuerte, no sólo se responsabilizó de la gestión y mantenimiento de los servicios básicos sino que también de la inversión nacional: electricidad, cadena del hierro y el acero, cadena del aluminio, petroquímica. Se instituyó un petroestado. El dólar petrolero fuerte determinó la importación de bienes en contra de la producción nacional: economía de puertos. Se creó un empresariado dependiente y una sociedad que recibía las dádivas del gobierno de turno. El Estado vivía de la renta petrolera y no de los impuestos de los ciudadanos.

7. El punto de inflexión del desarrollo económico y social de Venezuela ocurre a inicios de la década de los 80. Se inicia un control de cambios y se institucionaliza un dólar preferencial barato, se deterioran las instituciones, los partidos políticos y la democracia, aumenta la corrupción y la fuga de capitales, se profundiza la desigualdad social, aumenta la inestabilidad política y llega al gobierno Hugo Chávez, militar golpista con un discurso y una práctica populista que más tarde etiqueta como socialismo del siglo XXI.

El año 1998 Chávez asume la presidencia de la República y no la dejará hasta su muerte en 2013. En esos años Venezuela recibe los mayores ingresos de su historia. Entre 1999 y 2014 el país recibe un billón de dólares, cinco veces más que en los 14 años anteriores. El militar Chávez administra el país como si fuera una cantina de cuartel. Quita autonomía al Banco Central, se convierte en gestor del tesoro nacional, estatiza empresas, expropia tierras, construye empresas que nunca termina, regala dinero a países y a amigos, decide dónde gastar el dinero sin presupuesto previo aprobado, sin auditoría posterior. El dinero se despilfarra, se va en ineficiencia y corrupción. Las importaciones aumentan al mismo ritmo que los ingresos. La élite militar ocupa los principales puestos donde se administra la hacienda pública. El Estado, como un gargantúa engulle empresas, incorpora empleados, milicias, misiones; se hace obeso, paquidérmico.

En esos años Venezuela recibe los mayores ingresos de su historia. Entre 1999 y 2014 el país recibe un billón de dólares, cinco veces más que en los 14 años anteriores. 

A partir de 2015 se acrecienta el descenso de la producción petrolera hasta llegar a 500.000 barriles diarios en el año 2020. La realidad del país se desnuda. Se establece un control de precios. Comienzan a escasear los alimentos, las medicinas, la gasolina. La inflación se dispara. Los salarios se convierten en sal y agua. La situación es insostenible.

A pesar de todas las luchas y marchas contra el régimen que reprime de forma salvaje, este se mantiene. Se acelera la migración masiva a países latinoamericanos y Europa.

El Estado se ha empobrecido. Se parece a un rey que vive en un castillo semi-destruido y abandonado. Los ingresos petroleros son escasos, las reservas están agotadas, el estado paquidérmico es incapaz de mantener una nómina de cinco millones de empleados y otros cinco jubilados. Mucho menos tiene dinero para mantener los servicios mínimos públicos de salud, educación, electricidad, agua, comunicaciones, vialidad.

El Estado se ha empobrecido.

Ante la incapacidad del gobierno de resolver los graves problemas de subsistencia de los venezolanos y ante una inflación desbocada que vuelve los salarios sal y agua, comienzan las transacciones con dólares, producto de remesas que envían familiares, ahorros, venta de muebles.

Se dolariza la economía, se relaja el control de precios, porque el régimen no tiene ninguna respuesta ante la caótica situación del país.

El gobierno de facto comienza a buscar ingresos alternativos al petróleo y decreta la explotación del Arco Minero del Orinoco e invita a transnacionales a invertir en el extenso territorio de Guayana. Anuncia la intención de inversión de 130 empresas pero sólo se concretan seis. La Gold Reserve que se hace concesionario del yacimiento de Las Cristinas ni siquiera hace presencia porque la mina está ocupada por miles de mineros controlados por bandas delictivas. Lo mismo ocurre en todo el territorio de Guayana. La empresa Minervén se convierte en mixta pero no para explotar oro de forma racional sino para comprar el oro de los mineros y enriquecerse unos pocos. Se construyen plantas lixiviadoras en manos de militares y amigos del régimen para extraer el oro que queda en las arenas dejadas por los molinos. Pero eso no compensa ni con mucho los anteriores ingresos petroleros.

Maduro y su nueva élite de burguesa, ante el temor de perder el poder inician una política de privatizaciones. Se decreta la ley antibloqueo que permite con total opacidad vender empresas públicas, expropiadas anteriormente, se crean 105 Asociaciones de servicios productivos mediante las cuales se ofrecen a privados pozos petroleros para su activación. Recientemente Maduro entrega un millón de hectáreas a Irán, invita a países como Argentina, Brasil, a producir alimentos en Venezuela y para resolver la crisis energética producida por la guerra de Rusia a Ucrania ofrece a EEUU y a Europa el petróleo y el gas de Venezuela. Comienza la venta de acciones del Banco Central de Venezuela, de Cantv, de las empresas petroleras mixtas.

Pero, ¿de verdad Venezuela se está arreglando?

La prueba más evidente de que no, es la huida de miles de venezolanos que arriesgando sus vidas buscan un futuro en otros países. El decreto del Arco minero ha servido para que grupos minoritarios que controlan el tráfico del oro diamante y coltán se enriquezcan con el sudor y la sangre de miles de mineros depredando además a la naturaleza. Las asociaciones de servicios productivos para activar pozos petroleros han sido un rotundo fracaso. El presidente de Pdvesa y Maduro han pronosticado una producción de dos millones de barriles diarios y hasta la fecha solo se han logrado alrededor de 700.000 y estos con diluente importado de Irán.

De las empresas privatizadas no se conocen los resultados.

Vista la historia de los últimos 22 años, es difícil que este régimen genere confianza en los inversores serios aunque puede atraer capitales de dudosa procedencia para seguir expoliando a la nación. El chavismo-madurismo ha sido experto en destruir e ineficaz en construir algo nuevo. ¿Cómo es posible que un régimen que recibió tanto dinero no sea capaz de mostrar una obra importante para la humanidad? Desde Pérez Jiménez hasta Caldera II, todos los presidentes han inaugurado obras emblemáticas. Chávez y Maduro no lograron culminar ninguna excepto el puente del Orinoco II que ya había contratado Caldera y la hidroeléctrica Caruachi que ya estaba muy avanzada cuando Chávez llegó al poder. Ni con la ayuda de los chinos y su fondo chino fue capaz de culminar los proyectos que inició y en los que invirtió miles de millones de dólares. Las obras inacabadas de Tocoma, Siderúrgica Nacional, Planta de concentración de mineral de hierro, fábrica de tubos, Tercer puente del Orinoco, Serlaca, Pulpaca, Planta de pellas, Cemento Cerro Azul, tren Tinaco - Anaco, Metro Guarenas, Puente de Maracaibo, son muestras de la inutilidad, despilfarro y corrupción de este régimen.

El chavismo-madurismo ha sido experto en destruir e ineficaz en construir algo nuevo.

Un régimen que ha destruido el país, con sus infraestructuras de agua, electricidad, comunicaciones, vialidad, educación y salud totalmente deterioradas, con índices de inseguridad grandes, sin reglas claras para la actividad empresarial, sin una generación de profesionales y técnicos que han salido del país, difícilmente generará incentivos para que el capital nacional e internacional desarrollen los inmensos recursos que tiene Venezuela.

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