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Por Dr. José María Fernández (Chema)
Este año se celebra el 50 aniversario del libro Los límites del crecimiento, que Edgar Morin señaló como el año 1 de la era ecológica. El Club de Roma encargó a unos científicos del MIT coordinados por Donella Meadows un estudio sobre escenarios futuros del planeta. La conclusión de los científicos basada en una simulación informática world3 fue la siguiente:
"Si el incremento de la población mundial, de la industrialización, de la contaminación, la producción y la explotación de recursos naturales se mantiene sin variación, alcanzará los límites de crecimiento en la Tierra durante los próximos 100 años".
En una entrevista a Dennis Meadows, publicada por L'OBS número 3002 de mayo 2022, él lanza esta contundente afirmación: "el sistema actual va a desaparecer". Incluso cree que la producción verde es una continuidad del mismo sistema.
"Lo que es seguro es que el futuro usará menos energía, habrá menor confort de vida, menos consumo". Y continua: "Eso no será necesariamente peor. Para ser feliz basta desear menos o desear otra cosa".
No cree en el desarrollo sostenible ni le gusta hablar de decrecimiento sino más bien de resiliencia. La capacidad humana para vivir con menos necesidades, y de adaptarse al cambio climático, a las epidemias, a la falta de alimentos, a la penuria energética. "Yo preferiría dejar un mundo sostenible pero eso no llegará. El sistema actual va a desaparecer" más que mortificarte rechazando no vivir en otro mundo prefiero buscar cómo puedo mejorar el que yo vivo. El concepto de resiliencia es el medio del porvenir.
"Ella [la resiliencia] designa para un sistema su capacidad de absorber los choques y seguir funcionando".
En este mismo sentido se han manifestado 100 científicos de 17 países que han solicitado a la ONU que abandone la ideología de los objetivos del desarrollo sostenible porque es un engaño. Afirman que el secretario general de la ONU tenía razón al afirmar que la humanidad está retrocediendo en relación a la mayoría de los ODS. Hay que decir la verdad y abandonar la ideología que sustenta este programa sustentado en el crecimiento del PIB. Afirman que decir la verdad es crucial e instan a los gobiernos a adecuar sus políticas a una mayor resiliencia y reducción de riesgos.
Leyendo estas advertencias mundiales ha venido a mi mente recurrentemente la resiliencia del venezolano. Venezuela ha vivido en los últimos 8 años el mayor decrecimiento del PIB ocurrido en la humanidad, superior al ocurrido luego de la Gran recesión de 1929 y probablemente equivalente al sufrido por Alemania luego de la segunda guerra mundial. En Venezuela no ha habido guerra, no ha habido terremotos, sequías, aumento de las épocas de calor o tormentas especiales. Tampoco se ha agotado el petróleo, el agua, los minerales de hierro, bauxita, oro, coltán, los paisajes, las playas, las montañas, la selva, el Delta. Sin embargo el aparato productivo ha sido destruido y con él, el ingreso, las infraestructuras, los servicios públicos, el acceso a los alimentos, la educación y la salud.
No logro entender como caímos tan al fondo de un pozo. Lo atribuyo a la ideología del régimen totalitario de rechazar la rentabilidad económica por la rentabilidad social pero sobre todo a la corrupción y al desprecio por la meritocracia, colocando en puestos claves a quienes pensaban más en el lucro de ellos y su grupo que en la responsabilidad que habían asumido.
El hecho es que ese decrecimiento brutal obligó a los venezolanos a sobrevivir cada vez con menos y a buscar salidas personales o familiares para resistir. El venezolano tuvo que renunciar a las vacaciones en la playa, o en La Gran Sabana, a los restaurantes y a tomar el café con los amigos, a la compra de delicatasses y de buenos pescados. Tuvo que vender su carro y otros bienes, acostumbrarse a vivir con electricidad, agua e Internet intermitentes o inexistentes, tuvo que caminar para comprar lo básico para vivir o arriesgarse a ir a otro país impulsado por la necesidad de encontrar un futuro mejor para él y su familia.
Fueron muchas las víctimas provocadas por este régimen: muertos por la represión, encarcelados, fallecidos por hambre o por falta de asistencia sanitaria, asesinados por mafias controladoras de territorios, muertos en pateras o atravesando montañas, ríos o selvas. Pero una mayoría de venezolanos de dentro y fuera de las fronteras no sólo han logrado sobrevivir sino que no han cedido al control del régimen y se convierten en emprendedores, se adaptan a costumbres diferentes, se organizan para buscar soluciones a sus problemas comunes y se solidarizan con los que tienen alguna necesidad.
Los venezolanos tienen resiliencia ante esta difícil situación y saldrán más fortalecidos para refundar a Venezuela.

La resiliencia es la capacidad que tienen las personas para superar circunstancias traumática y adaptarse a las nuevas realidades. Los venezolanos hemos sabido ser resilientes por mucho tiempo, ya han pasado muchos años y han sido afectadas muchas generaciones por los embates del régimen totalitario venezolano. Debemos pasar de una actitud resiliente a una actitud más activa, promotora de cambios, de transformaciones aún en las circunstancias en las que nos encontramos o procurar un nuevo orden político social y económico para nuestro país. Felicidades profesor José María Fernández por este interesante artículo.
ResponderEliminarExcelente artículo...
ResponderEliminarPero, ser resiliente no es suficiente, lo han demostrado otros pueblos. Tello
EliminarEl tema es de importancia capital y creo que no se está dando la importancia que se merece. El derroche de los recursos lo pagarán las futuras generacionrs
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