Venezuela y sus 100 años de petróleo (Opinión)

 

Imagen: Cantera



Por Dr. José María Fernández (Chema)

En el año 1926, el petróleo sustituyó al café como el primer rublo de exportación de Venezuela. El país con poco más de tres millones de habitantes, la mayoría dispersos en la amplia geografía rural venezolana. Desde entonces, hace ya un siglo, la vida de los venezolanos, para bien o para mal ha sido condicionada por los ingresos provenientes de este producto.

Por decreto del Libertador Simón Bolívar, todos los recursos del subsuelo venezolano pertenecen al Estado. Durante casi 60 años, el petróleo fue explotado por transnacionales en régimen de concesión, que aportaban al erario público impuestos y regalías. Desde entonces, el Estado fue poseedor de la mayor fortuna existente en el país, y la competencia por alcanzar el poder y disponer de tales recursos rigió los destinos políticos de Venezuela.

El general Gómez fue el primer gobernante que dispuso de los frutos de la exportación petrolera, acabó con las montoneras y consolidó la unidad de Venezuela. Con Medina Angarita, el breve mandato de Rómulo Gallegos, y la dictadura de Marcos Pérez Jiménez inicia la modernización del país, se construyen escuelas, hospitales, carreteras, autopistas, ciudades.

Una vez caída la dictadura se instauró en Venezuela un modelo de democracia occidental producto de los acuerdos de los principales líderes políticos y sus partidos, en lo que se llamó el Pacto de Punto Fijo, que sentaba las bases para la alternabilidad democrática, la independencia de poderes y la institucionalización del país. Venezuela logró superar los intentos de facciones disidentes de los partidos mayoritarios que pretendían imponer mediante la guerrilla regímenes comunistas al estilo cubano.

Mientras los países de América Latina sufrieron crueles dictaduras o sangrientas luchas fratricidas, Venezuela vivió 40 años de democracia representativa, de alternancia en el poder entre los principales partidos que sustentaron una estabilidad envidiable para un país sudamericano.

Los ingresos provenientes del petróleo hicieron que Venezuela tuviera la mayor tasa de crecimiento de América Latina hasta 1978 con una moneda fuerte y estable. La diferencia con el resto de los países latinoamericanos era envidiable.

El país rural se transformó en urbano, se construyó la viabilidad del país, las sedes educativas, las universidades, el sistema eléctrico, industrias. Se masificó la educación y se dio la oportunidad a gran número de venezolanos al ascenso social, creando una clase media y de trabajadores calificados.

Después de las guerras civil española y la segunda guerra mundial muchos europeos llegaron a Venezuela y contribuyeron con la imagen de una nación moderna, abierta, ideal para vivir. Luego vinieron chilenos, argentinos, colombianos, peruanos. Se creó una clase media y trabajadora con viajes al exterior. En Venezuela se vivía bien. Se creó la imagen del venezolano que veraneaba en Miami, “ta’ barato, dame dos”.

El petróleo era fuente de ingresos extraordinarios y estos llenaban las arcas del Tesoro Nacional. Por eso era fundamental hacerse con el poder para disponer de esa riqueza y distribuirla de acuerdo a intereses nacionales y particulares. Los dos partidos que lograron asumir las riendas del Gobierno tenían una estructura poli clasista. Los contratos y negocios eran para la clase empresarial y para las clases populares servicios mínimos y ayudas. Había que ganar elecciones. Se creó una economía paternalista, dependiente de quién estuviera en el poder. El clientelismo, nepotismo, la intromisión del partido en el Gobierno, la corrupción comenzaron a ser moneda común. Los empresarios preferían pagar una comisión a licitar y los que buscaban un cargo en el Gobierno preferían la palanca al concurso. Se creó un capitalismo débil, importador, poco competitivo; y un pueblo dependiente de la afiliación al partido de turno. La democracia representativa decayó en populismo.

En el afán de contar con más recursos, se estatizó la industria petrolera del hierro y del oro. Al ritmo que aumentaban las exportaciones subían las importaciones de bienes y servicios y además aumentaba la deuda externa.

Como consecuencia de este proceso llegó el "viernes negro", la fuga de capitales y el control de cambio. Y con el control de cambio vino el diferencial cambiario y el acceso de los enchufados al dólar barato. La corrupción se institucionalizó. Recadi, Cadivi…

Carlos Andrés Pérez llegó a la presidencia en su segundo mandato con un mensaje populista y un programa de gobierno neoliberal elaborado por tecnócratas bajo la dirección de Miguel Rodríguez. El choque de trenes entre la tecnocracia y el populismo reventó en saqueos de negocios por parte de pobladas que fueron brutalmente controladas por el ejército con centenares de muertos. A raíz de ese evento se impulsó la elección directa de gobernadores y alcaldes, pero eso no fue suficiente para reclamar la necesidad de cambios en la política y economía del país.

La década de los años 90 fue turbulenta. La elección directa de gobernadores y alcaldes, dos golpes de Estado fracasados, la destitución de un presidente, la descomposición de los partidos tradicionales. Un Gobierno de amalgama de partidos minoritarios incluidos el Partido Comunista, y la llegada al poder vía electoral de quien había liderado un golpe de Estado.

Hugo Chávez fue un líder carismático, de origen rural, formación militar, predicador incansable que dio esperanzas a los más desfavorecidos.

Con el chavismo se profundizó el populismo. Todos los vicios que ya se habían inoculado en la población aumentaron. Desde el inicio del Gobierno de Chávez se crean los círculos bolivarianos con sede en el Palacio de Miraflores, órgano del partido ganador que hace de correa de transmisión entre el Estado y los ciudadanos. Luego se sustituirán por los consejos comunales, las Ubch. El carnét de la Patria y el Sistema Patria. Acabarán con la autonomía de las instituciones del Estado. Buscarán por todos los medios la anulación de todas las asociaciones civiles e impondrán el poder totalitario. Este régimen interpreta a la perfección el modelo de Gobierno de Ceresole: líder, ejército pueblo.

La democracia representativa mediante la cual se organiza la sociedad según sus intereses es sustituida por la participativa, en la cual el líder participa y toda la masa, “el pueblo” obedece “rodilla en tierra”. Los que no estén de acuerdo se encarcelan, se atemorizan o se silencian.

El choque de trenes entre una clase media, profesional y trabajadora que había interiorizado una cultura democrática y del esfuerzo, choca contra una población que había estado desasistida y pide prebendas al Estado. Se instaura como valor principal la fidelidad al proceso y se reniega de la competitividad y el esfuerzo.

Chávez quiso gobernar Venezuela como un cuartel. Con sus discursos carismáticos y las arcas del Estado, llenas por los ingresos petroleros que manejó sin ningún control. Ordenaba cada domingo lo que había que hacer en Venezuela: expropiar tierras, cambiar el sistema educativo, despedir trabajadores de las empresas del Estado, establecer cómo debían ser los fundos zamoranos, estatizar empresas, inventar miles de proyectos como las cooperativas, las empresas de producción social, la ruta de la empanada, los gallineros verticales. También dibujaba en el mapa los grandes proyectos transnacionales, como el gasoducto y el tren desde el Caribe a la Patagonia, las refinerías que iba a construir en el mundo.

Al populismo de Chávez le faltaba un lenguaje ideológico y en 2005, debido a la influencia cubana y de algunos intelectuales utópicos, impulsa el socialismo del Siglo XXI, el cual rechaza el mercantilismo capitalista, la rentabilidad económica y la sustituye por la rentabilidad social.

La Constitución que se había aprobado en 1999 es una camisa de fuerza para los cambios de demanda a su liderazgo y propone un referéndum para cambiar 69 artículos que implicaban fundamentalmente sustituir el modelo económico de la República Bolivariana de Venezuela, establecido en el artículo 299 por un modelo socialista, y la sustitución de la estructura orgánica del Estado federal con gobernaciones y alcaldías con competencias propias, por un Estado comunal vertical. Así se cumplía su leitmotiv de líder: ejército, pueblo sin instituciones que limitaran su poder.

No se aprueba la reforma, pero con el control del Ejecutivo sobre la Asamblea Nacional y del Tribunal Supremo de Justicia se imponen leyes que violan flagrantemente la Constitución. Chávez tiene todo el poder y todo el dinero y lo maneja a discreción sin ningún control. Es un irresponsable. Despilfarra miles de millones de dólares. Se elimina la independencia del Banco Central y la unidad del Tesoro. Con la nueva política, Pdvsa se convierte en un Estado paralelo que se encarga de educación, de la industria, de la vivienda, de la cultura. Se estatizan empresas y se dedican a todo menos a ser productivas. La corrupción y despilfarro permea los organismos del Estado a todos los niveles. Los militares ocupan puestos importantes en industrias del Estado.

A partir del 2008 comienza el declive progresivo de la producción de petróleo, hierro, acero, aluminio, oro, productos agrícolas que no parará hasta llegar casi a cero en la actualidad. Ese año aparece la primera crisis de energía eléctrica del país. El sistema termoeléctrico está deteriorado y las hidroeléctricas del Caroní bajan su producción debido a una sequía y bajos niveles de agua de la represa de Guri. Se invierten miles de millones de dólares en electrógenos importados pero la improvisación y la corrupción no resuelven el problema eléctrico en el país.

Se invierten miles de millones en nuevas obras y empresas pero ninguna se termina: represa de Tocoma, el tren Tinaco-Anaco, tercer puente del Orinoco, Cementera Cerro Azul, empresa de Concentración de hierro, Pulpaca, Serlaca, planta de pellas, puente de Maracaibo y otras muchas más.

En 2012 ingresan al país 100.000 millones de dólares por exportación petrolera pero todo se va en una campaña electoral con Hugo Chávez enfermo, con un dólar barato e importaciones gigantescas. Chávez moribundo, ya presiente el fracaso de su política de “rentabilidad social” y exige “eficiencia o nada”. Pero el carro de la economía ya va cuesta abajo y sin frenos.

A partir de 2015 la vida en Venezuela se hace difícil. Las empresas del Estado están quebradas, Pdvsa extrae cada vez menos petróleo. Los ingresos del país han disminuido, el régimen ya no cuenta con los inmensos ingresos petroleros y debe mantener una abultada nómina y millones de pensionados. Impone un control de precios y los anaqueles de los negocios se quedan vacíos.

Comienzan a escasear los productos de consumo familiar y ya de 2016 en adelante los salarios de los trabajadores son insuficientes para mantener a una familia. El país se descompone. La oposición no es capaz de enderezar el rumbo del Estado ya que tiene al frente un régimen que controla las instituciones y es apoyado por las Fuerzas Armadas. Comienza un éxodo masivo, primero de profesionales jóvenes, de trabajadores, de mujeres, de familias enteras.

Con un decrecimiento económico continuo aparece la hiperinflación y, un fenómeno nuevo: los venezolanos comienzan a utilizar el dólar para comprar bienes y servicios. El régimen, sin dinero para resolver nada, inicia una política de dejar hacer. Se olvida del control de precios, permite la progresiva dolarización de la economía, abre las puertas a la extracción incontrolada de los minerales preciosos de Guayana y por último ya que no tiene producción de bienes y servicios exporta chatarra de la multitud de empresas desmanteladas.

El régimen ya no controla la economía del país. Está desnudo. Es incapaz de mantener un salario mínimo suficiente para que sus empleados superen el nivel de pobreza extrema. No tiene dinero para solucionar la grave crisis de la electricidad, de la ausencia de agua corriente en el 70% de las viviendas del país, de ofrecer unos servicios comunicacionales confiables, de ofertar gasolina y gas aún a precios dolarizados.

Son las remesas que ingresan al país, el dinero de los enchufados que vuelven o que siguen robando, la reventa de bienes acumulados durante décadas, la minería del oro, diamante y coltán, el contrabando, el narcotráfico, la economía informal, las alcabalas, el soborno de los empleados públicos, la privatización de la salud y de la educación los que mueven la agónica economía del país.

La misma gente que vive la ausencia de los servicios públicos está buscando soluciones por sus propios medios. Urbanizaciones, fundamentalmente de clase media, se organizan y reparan instalaciones eléctricas, de agua, de comunicaciones, seguridad, parques, plazas. Reconocen que el Gobierno no tiene capacidad para resolver sus problemas.

El régimen aprueba una ley antibloqueo que permite la venta de empresas públicas expropiadas con total opacidad y ahora propone vender el 10% de las acciones de empresas quebradas. Pero eso no va a tener ningún efecto mientras sea el Estado el que gestione y tenga el poder mayoritario sobre las industrias. Mientras el régimen no se deshaga de su camisa de fuerza que implica que él sea el dueño de las empresas estratégicas y de los servicios públicos y no el garante de que la iniciativa privada, la libre competencia, la productividad promuevan el desarrollo y satisfagan las demandas de la sociedad, no habrá futuro para el país.

Si las empresas mixtas de la Faja del Orinoco languidecieron antes del bloqueo, los inversionistas chinos no lograron culminar ninguna obra, desaparecieron las empresas iraníes, si los rusos vinieron, vieron y se fueron, si se entregó la mina de Las Cristinas a Gold Reserve y no pisó tierra en Guayana, mucho menos va a tener efecto el vender unas acciones a no ser que sea para alimentar la corrupción o para lavado de dinero.

La época de la Venezuela petrolera ha creado una cultura en la que la gente vive del Estado y no del Estado que se mantiene de la producción de los ciudadanos. En Venezuela hay mucha evasión de impuestos, mucha economía informal, los servicios públicos no se pagan o las sumas son irrisorias, El Estado es poseedor de las empresas de la electricidad, el agua, el gas. La gasolina, las comunicaciones, la educación, la salud y no garantiza su servicio. Además posee casi 1000 empresas de producción desde bienes agrícolas y pecuarios hasta acero, aluminio, oro, otros minerales, madera, papel, textiles, químicos; todas quebradas.

¿No le es más fácil a un Estado moderno incentivar la iniciativa privada, la innovación, la productividad, cobrar impuestos y distribuir los ingresos para que sean cubiertas las necesidades básicas de toda la población? El Estado venezolano debe deslastrarse de esa pesada carga que supone administrar multitud de empresas, adelgazar su estructura empleadora y dedicarse a lo esencial. Debe ser más garante que los servicios lleguen a todos con calidad que ser poseedor y administrador de los mismos.

Venezuela produce actualmente alrededor de 750.000 barriles diarios de petróleo pesado de no muy buena calidad y con costos adicionales para venderlo. Debido a la invasión a Ucrania por parte de Rusia, pudiera habar una necesidad inmediata de activar pozos ya existentes con poca inversión si los Estados Unidos suavizan el bloqueo. Esa activación pudiera ser por pocos años y nunca llegaría a los niveles de producción que tuvo. Con la necesaria transición energética, la era del petróleo morirá pronto y se llevará consigo al Estado rentista.

Venezuela debe reinventarse y renacer desde sus raíces.

Comentarios

  1. Comentario Tello Benítez. Dr Fernández aquí hizo el papel de historiador. Aprovechando la gravedad del enfermo (Venezuela) y conociendo, una de las medicinas segurar a aplicar, hay que procurar que la sociedad y no el próximo gobierno maneje los recursos petroleros o la totalidad de los mismos a su antojo, hay que tratar de hacer un esfuerzo para que el colectivo nacional entienda que parte de los cambios de raiz que requiere la sociedad venezolana están en que la clase política que arribe al poder no utilice los recursos petroleros para continuar la ya ascendrada cultura del populismo, la demagogia y el vergonzoso control social que ha tenido como resultado los actuales niveles de probreza generalizada de la población, y los demás males sociales e institucionales claramente visibles para todo elmundo.
    Exijamos al liderazgo democrátivo que tenga esto en cuenta esta situación y alertemos a la sociedad civil para que asuma un papel protagónico para rectificar la política que describes en el articulo. Mostremos los ejemplos de países que han utilizado bien sus recursos petroleros y desarrollado al mismo tiempo sus otras potencialidades. Creo que Movimiento Araguaney puede aportar y alentar a importantes talentos para esta discusión

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