El nudo gordiano de la transición energética (Opinión)

 

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Por Dr. José María Fernández (Chema)


La especie humana ha sido azotada en toda su historia por guerras, pestes, hambrunas, y catástrofes naturales, pero nunca había predicho una amenaza global como el cambio climático que está ocurriendo actualmente y que si no se detiene ya, puede acabar con su futuro.

Hay evidencia científica casi unánime de que la superficie terrestre ha aumentado su temperatura 1,1 grados desde la época preindustrial, producto de la actividad humana, y que ésta puede alcanzar dos grados o más en la segunda mitad de este siglo. Este calentamiento está produciendo deshielo en los polos y los glaciares, aumento del nivel del mar, acidificación de los océanos, cambios en las corrientes marinas y aumento e intensidad de tornados, granizos, huracanes, monzones, olas de calor extremas y más largas, sequias agudas en muchos países, lo que va a repercutir en la supervivencia de muchas especies vivas, incluidos los humanos.

Este calentamiento global se debe al efecto invernadero producido por la emisión de gases a la atmosfera fundamentalmente por el CO2 al usar carbón, petróleo y gas. Es indudable que el crecimiento mundial en los últimos 200 años se ha debido a la utilización de estos fósiles que contienen energía concentrada durante millones de años, son fáciles de extraer, trasladar, almacenar y utilizar para cuando se necesiten en los más diversos usos de la vida moderna: cocina, calentamiento de viviendas y edificios, todo tipo de transporte, industrias, y multitud de productos como plásticos, polímeros, aceites.

Debido a la amenaza del cambio climático, 190 países acordaron disminuir los gases de efecto invernadero para que la temperatura global no supere los dos grados a finales de siglo y si es posible 1,5 en 2050. En el Protocolo de Kioto, en el Acuerdo de París y en la reunión de Glasgow se comprometieron a lograr un futuro neutro en carbono en 2050 ó 2060, es decir que las emisiones de gas no superen las que puede absorber el planeta.

Pero, ¿cómo sustituir el 89% de la energía que se consume actualmente, que proviene de los fósiles, por energías limpias de aquí a 2050? A este problema se añade uno adicional. La Agencia internacional de Energía alerta que ya se ha llegado al pico de producción de petróleo convencional y de carbón y pronto llegará el pico del gas. Los recursos que quedan son de peor calidad y más difíciles de extraer. Las compañías petroleras han perdido plata en los últimos años, están invirtiendo poco en descubrir nuevos yacimientos y están orientando sus inversiones hacia energías renovables.

La Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) cree que se puede lograr para 2050 ese objetivo generando un 25% adicional de electricidad con fotovoltáicas y eólicas, otro 25% con eficiencia energética, un 15% con biomasa y otras renovables y quedaría un porcentaje de un 10% para los fósiles.

Pero del dicho al hecho hay un trecho. Y bien largo. ¿Cuántos parques eólicos o solares se requieren para lograr ese objetivo? ¿Dónde instalarlos? ¿En qué territorios o mares? Pero a continuación viene lo más complicado. La electricidad producida por estas tecnologías es intermitente. ¿Dónde almacenar esa energía para cuando se necesite? Fundamentalmente en baterías o en hidrógeno producido por electrogeneradores. El otro problema es cómo utilizar esa energía para industrias, vehículos, trenes, barcos, aviones, calefacción.

El autor francés Guillaume Pitron autor del libro “La guerra de los metales raros” habla de las paradojas de la economía verde.

Y aquí viene la primera paradoja. Afirma Arnoldus Van der Hurk: “Sin minería no hay transición energética ni futuro”.

¿Cuánto material necesitan las torres eólicas o los parques solares? ¿Qué minerales requieren las nuevas tecnologías eólica, fotovoltaica, y la transición digital?

Si en la tecnología de la energía fósil se requerían alrededor de 40 elementos ahora se necesitan todos los elementos de la tabla periódica y, sobre todo, los metales de las tierras raras que además tienen nombres bien raros.

¿Saben quienes convocan a una manifestación contra la minería que su celular funciona porque tiene incorporados 29 elementos químicos muchos de ellos de tierras raras que se extraen en minas muy contaminantes sobre todo en el norte de China que controla el 90% de estos metales? Guillaume Picrón afirma que la energía verde se produce gracias a la minería sucia.

La segunda paradoja tiene que ver con la escasez de los materiales que se utilizan para las energías limpias. “Energías renovables con minerales no renovables y escasos”. Los metales raros están muy diluidos en la tierra. Son como la sal en el océano; hay pocos lugares donde su concentración hace posible una explotación rentable. Su procesamiento es complicado y requiere de procesos químicos. Algunos científicos creen que los metales extraíbles serán insuficientes para una eficiente transición energética. De hecho ya está ocurriendo actualmente. Además, muchos metales es imposible reciclarlos.

La invasión de Rusia a Ucrania ha mostrado lo difícil que es para Europa sustituir el petróleo y gas rusos por otras fuentes energéticas. Han tenido que recurrir a utilizar carbón que ya estaba descartado y activar centrales nucleares y aun así no han podido cerrar totalmente el chorro de energía que viene del Este.

Los años que vienen son de mucha incertidumbre y de cambios geopolíticos. Se prevé que hasta el año 2025 el petróleo sea caro debido a que la demanda supere la oferta mientras se construyen otras alternativas energéticas.

Para una corriente importante de científicos y pensadores vuelve con fuerza la tesis malthusiana y del Club de Roma sobre los límites del planeta: el futuro del modelo económico mundial cuyo leitmotiv es que el crecimiento económico debe ser continuo, es inviable. La Tierra no tiene los recursos suficientes para mantener este crecimiento. Lo que viene es calentamiento global con todas sus consecuencias, agotamiento de los recursos fósiles, imposibilidad de las energías renovables de sustituir la demanda futura de energía, la escasez y agotamiento de los metales necesarios para la transición. Por tanto hay que cambiar urgentemente el modelo consumista actual, impulsar otras formas de vida que no impliquen crecimiento sino todo lo contrario. Pero ¿cómo convencer a esta sociedad a recorrer ese camino? ¿O es la naturaleza la que lo impondrá?

Sin duda el calentamiento global producido por la actividad humana va a seguir aumentando, pero puede ser ralentizado su ritmo y dejarlo en cero.

Es la hora de los científicos que proponen medidas de adaptación y mitigación del cambio climático, de los organismos internacionales que dicten pautas, monitoreen y den incentivos a las buenas prácticas de los Estados para descarbonizar el planeta. También deben participar en este reto las empresas, los emprendedores, los investigadores y creadores de nuevas tecnologías para hacer la transición más eficiente y los ciudadanos que adquieran una cultura de menos emisión de carbono y de economía circular.

Venezuela tiene una oportunidad de oro para insertarse en la ruta de la transición energética. Lamentablemente la infraestructura de PDVSA está destruida. Con los precios del petróleo altos puede obtener algunos beneficios en los próximos años pero la mayoría de las reservas de la Faja Petrolífera del Orinoco se quedarán donde están. Más oportunidad tiene a mediano plazo para atraer a capital extranjero y nacional en la explotación del gas cuya vigencia en la transición será más larga ya que es menos contaminante.

El gran reto de Venezuela es apostar por la economía limpia y verde. Tiene todavía para instalar hidroeléctricas en Tocoma y otras represas en el Alto Caroní y en otros ríos de Venezuela. Tiene excelentes lugares para instalar parques eólicos en Falcón y la Guajira y parques solares en muchos lugares de Venezuela. Pero sobre todo tiene ventajas en tener acceso a los bonos de carbono no sólo protegiendo los bosques de la tala indiscriminada sino también de la plantación de casi 2 millones de hectáreas de nuevos bosques.

Venezuela no debe renunciar a la certificación, exploración y explotación de los recursos minerales que están en el subsuelo y son esenciales para la transición energética y hacerlo de forma racional y científica cuidando al máximo el ambiente. En un mapa futurista que hizo la CVG por los años 90 sobre la Región Guayana aparece como una de sus potencialidades las tierras raras. No tengamos miedo a la extracción de minerales siempre que se haga de manera científica y sostenible. Venezuela es verde y mineral.

Comentarios

  1. Felicitaciones al Dr. José María Fernández por este importante artículo. Llama a la reflexión.

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  2. Venezuela no tiene en las presentes circunstancias ninguna oportunidad de oro para la transición energética, porque quienes la gobiernan son los adelantan la ejercusión del dstructivo arco minero, y las fuerzas democráticas no tienen la posibilidad inmediata de aprovechar esa "oportunidad de oro" a la cual se refiere el autor. Decía una ponente hoy en una conferencia sobre comercio electrónico que las oportunidades son como los helados, hay que comercelos rápido porque se derriten

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  3. Recomiendo ver este reportaje de DW sobre tecnologías emergentes que favorecen la desaceleración del calentamiento global: https://youtu.be/k2Y4DBpvpvg

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